Para poder situar mi concepción del arte, creo necesaria una explicación de lo que entiendo por subjetividad y señalar la entidad única de la que estamos compuestos. A través de los sentidos, percibimos el exterior.
Primeramente, el arte es algo que tiene que ver con el cuerpo desde el que se percibe y del que quiere transmitir, tiene que ver con sensaciones. Digamos que necesita de un creador y que no es por sí sola, como un sonido no existe si no es oído.
Como seres individuales, tememos una historia atrás compuesta de experiencias que nos hacen distintos. Lo aprendido. El momento, el ambiente, lo observado en los demás, lo que nos rodea, es lo que nos compone. Necesitamos actuar, reaccionar y como no lo sabemos instintivamente vamos aprendiendo, componiéndonos poco a poco de lo que hemos visto, oído, etc y de las conclusiones. Como si después de experimentar por ejemplo en el método científico, se sacan conclusiones, teorías.
Cada uno tenemos una forma personal de darle significado a las cosas según las percibimos. Aunque también hay que decir que no nos diferenciamos mucho en la forma de percibir (por ejemplo en juzgar si algo es agradable o desagradable solemos coincidir, también en el frío y caliente... realmente somos máquinas humanas todos por igual).
Así que nuestra subjetividad es la forma personal de recibir el mundo de acuerdo a esas experiencias anteriores únicas para cada uno de nosotros.
A la hora de dar una valoración sobre si algo es artístico o no, centramos nuestra atención en la estética; entra en juego la capacidad o habilidad del creador artista para transmitir y plasmar: qué está representado o expresado y de qué manera. De esa manera el artesano es aquel que se dedica a producir obras múltiples, mientras que el artista es creador de obras únicas porque están cargadas de personalidad, con más o menos talento para conseguir transmitir algo en concreto (una idea, un ambiente...).
El arte se parece más a una experiencia que a una idea, son una serie de impresiones que experimentamos y vivimos directamente porque entra por los sentidos: por eso está muy conectado con a las emociones.
En cambio no lo está tanto a la parte más racional, en la que no son tan importantes las sensaciones y esas impresiones como las reflexiones que tenemos sobre ellas.
En cambio no lo está tanto a la parte más racional, en la que no son tan importantes las sensaciones y esas impresiones como las reflexiones que tenemos sobre ellas.
La función artística es de comunicación, de trasmitir, así que una obra tiene una finalidad aunque el autor no sea quien la decida o determine.
Se da una comunicación en la que el emisor –el artista- es alguien que expresa sentimientos, ideas, emociones, pensamientos, sensaciones; que manifiesta su propia compresión y visión sensible acerca del mundo; el que envía un mensaje con una gran carga de esa subjetividad, una gran carga de toque personal. Va de la mano con el tiempo, siendo la expresión-interpretación del momento, situación en que se vive.
Así pues, es un camino de conocimiento para quien entra en contacto con la obra (hacerla u observarla), para quien la experimenta. Este conocimiento es diferente pero complementario al conocimiento objetivo para poder entender el mundo desde muchas persepectivas y enfoques, para enriquecernos y deleitarnos con experiencias.
Pero el hecho de darle un significado, una intención de expresión a una obra para que sea de arte, no se distancia de valorar “el arte por el arte”, el valor está en aquello sobre lo que son y encarnan para cualquiera aunque esté alejado de lo que el artista quiso plasmar. Es la simple repercusión que tiene en ti esos estímulos, las artes plásticas, el cine, la literatura, la música, la fotografía, danza, teatro...